Aún recuerdo aquel triste día en que nuestras familias coincidieron en aquel fantástico crucero que esperábamos...
Comenzaré por el principio:
Solo pudimos llegar a conocer a otras dos familias más antes de que la catástrofe sucediera. Una era la familia Sawyer, la otra la familia Smith, y por último nuestra antes feliz familia Williams.
Parecía una noche cualquiera cuando acudíamos disfrazados a la fiesta de disfraces que se celebraba en el gran salón. Allí conocimos a las otras dos familias mientras observábamos como el mago se disponía a hacer un truco de magia. Pidió un voluntario y me saco a mí. El truco consistía en hacerme desaparecer, pero, por alguna razón no le salió bien. El siguiente numerito era hipnotizarme, y al decir las palabras para hipnotizarme, comenzó a tambalearse, se quedó pálido y calló a mis pies. La gente comenzó a aplaudir pensando que era parte del truco y entonces yo grite:” ¡Esta muerto!”
Lo siguiente que recuerdo es al capitán corriendo hacia la enfermería y llamando a la policía.
Los médicos no pudieron hacer nada por el mago. No se supo nada sobre su muerte, aunque al registrar su camarote encontraron un extraño libro de conjuros y entonces, por el barco comenzó a correr la voz de que el mago estaba endiablado.
En pocas horas engancharon con un arnés el cadáver, y comenzaron a elevarlo hacia el helicóptero. El arnés se rompió de repente y en el momento justo en el que el cuerpo sin vida cae al mar, a causa de la salpicadura, cinco de los pasajeros que observaban el suceso desde la cubierta, quedaron convertidos en estatuas de sal.
Llevados por el pánico, un pequeño grupo de gente se tiro al agua. Antes de que pudiéramos lanzarles un salvavidas, vimos llegar su final. Divisamos una aleta de tiburón que se acercaba lentamente hacia esa pobre gente que en un intento de sobrevivir golpeaban el casco del barco intentando subir.
Uno, dos, tres, cuatro…
Cuatro vidas más que este crucero se había llevado. Estas últimas personas que habían intentado huir del horror del barco, solo consiguieron morir dolorosamente. Dadas las circunstancias decidimos ir a nuestros camarotes a descansar.
A la mañana siguiente el capitán fue despertando personalmente a todo el barco, menos a dos personas que nunca llegaron a despertarse.
Nos reunimos todos en la cubierta donde encontramos a una mujer mojada, con la mirada vacía y vestida de blanco. Tenía patas de pato y se estaba peinando con un peine de oro el cual con un destello se convirtió en un afilado cuchillo. En menos de tres segundos cuatro pasajeros cayeron al suelo atravesados por el cuchillo y la mujer se llevó a otros tres pasajeros consigo misma.
Con ánimo de tranquilizar, el capitán informo de que tomábamos por fin rumbo a tierra más cercana. En ese momento el cocinero decidió ir a por algo para comer. Esperamos media hora, y al ver que no regresaba, de los diecinueve pasajeros que quedábamos trece fuimos a ver qué pasaba. Los otros seis, no tenían fuerzas ni ánimos para moverse, habían perdido a unos cuantos seres queridos.
Cuando llegamos a la cocina, un fino rastro de sangre nos condujo a la nevera. Al abrirla, nos encontramos la cabeza del cocinero congelada. ¿Quién había sido?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Dónde estaba el cuerpo?.
Entre todos comenzamos a abrir cajones y armarios. Apenas tardamos dos minutos y volvimos a subir a cubierta para anunciar la muerte del cocinero y la desaparición de la comida. Lo único que encontraron fueron seis esqueletos de muerto. No era posible, solo habíamos tardado tres minutos
Entonces una nube dejo a la vista la luna y un rayo nos cegó a todos. En cuanto abrimos los ojos, vimos uno de los pasajeros muerto, pues le había alcanzado el rayo; otro envuelto en alambre de espino; y otro con las pupilas dilatadas. Este último reía histéricamente y se abalanzó sobre mí. Me mordió el brazo y al instante murió. Mi familia corrió a socorrerme y el capitán grito:
-“Tierra a la vista”
En cuestión de minutos, las diez personas bajarnos del barco para que nos atendiera la policía y la ambulancia. Nos percatamos de que faltaba uno: el capitán. Al darnos la vuelta hacia el barco, vimos que se estaba hundiendo y que tras un relámpago, de poner “Tres Bermudas” en el casco del barco, paso a estar escrito en sangre “MUERE”.
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